Y todos caemos arrastrándonos por sus caras lisas e inclinadas. La cima es tan afilada que sólo es posible mantenerse sobre ella de puntillas. Entonces crees que puedes tocar la luna, metértela en el bolsillo y llevártela a tu habitación. Pero la luna es engañosa, se esconde, se camufla como un camaleón. Y el hombre peca de ingenuo.