viernes, 7 de mayo de 2004

A la caza y captura

Un zumbido continuo taladraba mis oídos. Mis percepciones se dilataban, y todos los apáratos eléctricos emitían tenues gemidos que poco a poco se iban convirtiendo en gritos de terror.
Había atrapado al fantasma. Lo tenía ahí, frente a mí, tapado por la sábana. Sólo tendría que levantarla para contemplar su rostro y hacerlo desaparecer. Tanto tiempo, tanto esfuerzo, tanta energía derrochados habían finalmente dado sus frutos.
Pero el fantasma daba miedo. Lo desconocido da miedo. Yo estaba seguro de que me observaba, a través del fino tejido de algodón, y se reía. Quizá de mí.
Sólo tengo que levantar la sábana. Pero también podría dejarlo huir. Ya volvería en su busca en otra ocasión. La presa es más aterradora cuando se la mira cara a cara.