miércoles, 30 de junio de 2004

Lo inefable (V): Einstein lo sabía

Pero lo inefable también se encuentra en el exterior. Tantos siglos para llegar a la conclusión de que todavía nos queda un universo por explicar. El paralaje entre un par de estrellas basta para desesperar, romper todas las enciclopedias y libros de divulgación, echarse al suelo y esperar que el caos sea clemente con nosotros.
Cuando no existe el absoluto, la realidad es líquida. Cuando el ser humano se da cuenta de lo inmenso que es todo, sólo le queda arrodillarse, mirar al cielo, y rezar.
La relatividad es Dios, inabarcable, intratable e infinita. Y Einstein es su profeta.

lunes, 28 de junio de 2004

Lo inefable (IV): la cajita de música de Sigmund Freud

Lo inefable se puede rastrear en el mundo interno. Impulsos nerviosos, fibras, tejidos y líquidos regenerativos no explican el pensamiento abstracto, no dan cuenta de las funciones intelectuales mayores.
Abres la cajita y suena una armónica melodía. Pero no intentes desentrañar el mecanismo, está fuera de tu alcance, sólo disfruta de los resultados.
El hombre podrá entender el mundo, podrá clasificarlo y teorizarlo. Pero el hombre nunca se entenderá a sí mismo.

sábado, 26 de junio de 2004

¿Y el yang?

Siempre he creido en el Karma, en la compensación mística del bien y del mal.
Por eso temo los regalos inmerecidos, porque sé que, tarde o temprano, probablemente temprano, lo lamentaré.
Hay quien preferiría ser un desgraciado toda su vida para evitar la angustia que supone esperar la desgracia.
Ya nos llegará la hora, ¿no?

jueves, 24 de junio de 2004

La gran explicación (III): de Cronos a Darwin

El dominio sobre la cuarta dimensión, la última discernible, aunque siempre podamos imaginar más allá.
Quien conoce las leyes de la física y de la química, conoce la realidad sincrónica; quien conoce la evolución a través del tiempo, extiende su poder por los latifundios de la diacronía.
Por esa razón el dios Cronos fomenta la competencia, por eso premia a los mejores, por eso el mundo es tan cruel como la conciencia humana.
Sin embargo, y como siempre, nos queda pensar que las explicaciones del pasado no admiten proyecciones fiables.
¡Oh, implacable Darwin, Miserere me!

miércoles, 23 de junio de 2004

La gran explicación (II): elucubraciones newtonianas

Los límites del movimiento en las tres dimensiones conquistadas explican las carencias de la percepción humana. Creemos ser capaces de todo sólo cuando alquilamos una parcela de la realidad, la acotamos convenientemente y la llamamos nuestra. Entonces tenemos el poder, porque todo lo que sucede puede ser explicado mediante leyes.
Es la paradoja del Soberano de un pueblo que no existe, del Rey y Señor del País de Nunca Jamás. Y seguimos creyéndonos omniscientes...
Dejaremos de mirar al cielo, es demasiado infinito.

martes, 22 de junio de 2004

La gran explicación (I): el reino de Lavoisier

El mundo explicado, los porqués por el método de Lavoisier. Sólo hace falta advertir las sutiles diferencias entre los distintos corpúsculos. Materia que gira, inanimada, irracional, y que se une por inercia. Sustancia que llama a la sustancia, la magia de la transformación.
¿Y si la realidad no fuese más que alquimia? Ahora lo ves, ahora no lo ves. Al fin y al cabo, no somos mucho más que carbono combinado con oxígeno e hidrógeno.
Nuestra existencia puede comprenderse como alineación casual de partículas atraídas. Y el alquimista no sonríe, ni se sienta en su trono, ni contempla su creación. El alquimista es una causa motriz, el alquimista es la última capa de electrones.

domingo, 20 de junio de 2004

Farenheit

Hace tanto calor que me estoy derritiendo, transformándome en una masa gelatinosa, viscosa e informe. Mis órganos se están reblandeciendo. Cada vez me cuesta más hablar y, lo que es peor, pensar se ha convertido en una auténtica hazaña.
Incluso el mundo a mi alrededor está cambiando. Quizá sean mis percepciones, pero ¿no parece que todo está adoptando tintes rosados? Las nubes se parecen cada vez más a inmensas masas de algodón de azúcar, hasta el aire tiene un sabor dulce.
Pero siempre hay un lado negativo. Capas de polvo me cubren, se pegan en mis edulcorados poros. Y las moscas, y las polillas, no cesan de revolotear a mi alrededor.

sábado, 19 de junio de 2004

Anagnóresis

Un puro frenesí de datos que circulan de un lado a otro, como gentes en los túneles del metro, tomando forma, volviendo a ser aquella inútil enciclopedia que un día fueron.
Hiperactividad. Confianza. Ahora que volvemos a ser lo que éramos el mundo se arrodilla ante nosotros y pide clemencia.
Ahora, ahora que hemos arañado el fondo marino y subido a la superficie con un pequeño puñado de arena en las manos.
Sonríe, y peca de soberbia, que no es poco.

lunes, 14 de junio de 2004

Aporías de la conciencia

Mientras descendía la montaña, el sabio andaba tan rabioso que iba pateando la piedras que se encontraban a su paso. No poseía aquella mente lúcida y cabal de la que presumía no muchos días atrás.
Cuando aquella mañana se levantó, pensó que no quería permanecer en aquella cueva. Nunca había querido.
En realidad, se dio cuenta de que aquello que más deseaba era precisamente aquello que más temía. Entonces fue cuando salió, un grito quebró el silencio y aquel venerable sabio dejó de serlo.
Bajo al pueblo y se mezcló con la gente. Todos seguían a los falsos profetas.

jueves, 10 de junio de 2004

Invierno nuclear

He soñado un invierno nuclear. Los cielos eran de un rojo intenso, abrasador. El horizonte dibujaba contornos desérticos en todas direcciones. No había sol, tan sólo una ligera brisa proporcionaba alguna sensación de movimiento al marco de pobreza y destrucción. A mis pies, explorando nuevos territorios, se desplazaba una cucaracha.
Hoy he soñado un invierno nuclear. Hoy, cuando nuevas puertas se abren, viejos caminos se despejan y una luz se divisa allí, al fondo del pasillo. Por si acaso.

martes, 8 de junio de 2004

La torre de marfil

Encerrado en la torre de marfil. Voluntariamente ausente durante tanto tiempo que parecerían dos vidas. Diez candados custodiaban una posible huida, diez llaves que fueron destruidas para evitar cualquier tentativa.
Imposible entrar, imposible salir.
Solo que el tiempo avanza, la materia su pudre, las paredes se desgajan y el techo comienza a caerse. Grandes trozos de piedra amenazan con sepultar al reo que, inmerso en tan novedosa situación, no sabe si saltar al exterior u ocultarse debajo de uno de los bloques más pesados.

viernes, 4 de junio de 2004

Sangre, sudor y lágrimas

Mis leucocitos han eclosionado. En estos momentos estoy observando como de cada uno de mis poros salen pequeños seres, provistos de graciosas patas articuladas.
Quiero correr; ¡corre, corre!
Lamento profundamente no tener mis alas. Lamento habérselas regalado ("tómalas, ya no las necesito") a aquel pobre desgraciado que ahora es el señor del universo.
Sobre mi cabeza vuelan tantos aviones que no sé si encontraré el mío. Sus motores me ensordecen, y me hacen daño cuando aterrizan sobre mis hombros.

miércoles, 2 de junio de 2004

Comienza el espectáculo

El telón comenzaba a subir. El actor, por fin, iba a ver cumplida la mayor ilusión de su vida. El Gran Teatro le había abierto sus puertas. Horas de ensayos, esfuerzos y sufrimientos iban a ser recompensados.
El telón seguía subiendo, y, paralelamente, una extraña sensación se apoderaba de él. Parálisis. No lo conseguiría. El mundo era demasiado grande, y él era sólo una minúscula partícula insignificante.
Telón arriba. El actor entornó los ojos para observar con mayor atención el patio de butacas. Nadie. El silencio más desolador recorría la estancia, desde el gallinero hasta los palcos. Siguió buscando. Un par de miriápodos caminaban por uno de los pasillos, ajenos al vacío que les rodeaba.
El actor comenzó a recitar el primer acto. El espectáculo debía continuar. Al finalizar, le pareció que los miriápodos comenzaban a aplaudir con entusiasmo.