Hace tanto calor que me estoy derritiendo, transformándome en una masa gelatinosa, viscosa e informe. Mis órganos se están reblandeciendo. Cada vez me cuesta más hablar y, lo que es peor, pensar se ha convertido en una auténtica hazaña.
Incluso el mundo a mi alrededor está cambiando. Quizá sean mis percepciones, pero ¿no parece que todo está adoptando tintes rosados? Las nubes se parecen cada vez más a inmensas masas de algodón de azúcar, hasta el aire tiene un sabor dulce.
Pero siempre hay un lado negativo. Capas de polvo me cubren, se pegan en mis edulcorados poros. Y las moscas, y las polillas, no cesan de revolotear a mi alrededor.
domingo, 20 de junio de 2004