Los límites del movimiento en las tres dimensiones conquistadas explican las carencias de la percepción humana. Creemos ser capaces de todo sólo cuando alquilamos una parcela de la realidad, la acotamos convenientemente y la llamamos nuestra. Entonces tenemos el poder, porque todo lo que sucede puede ser explicado mediante leyes.
Es la paradoja del Soberano de un pueblo que no existe, del Rey y Señor del País de Nunca Jamás. Y seguimos creyéndonos omniscientes...
Dejaremos de mirar al cielo, es demasiado infinito.
miércoles, 23 de junio de 2004