miércoles, 30 de junio de 2004

Lo inefable (V): Einstein lo sabía

Pero lo inefable también se encuentra en el exterior. Tantos siglos para llegar a la conclusión de que todavía nos queda un universo por explicar. El paralaje entre un par de estrellas basta para desesperar, romper todas las enciclopedias y libros de divulgación, echarse al suelo y esperar que el caos sea clemente con nosotros.
Cuando no existe el absoluto, la realidad es líquida. Cuando el ser humano se da cuenta de lo inmenso que es todo, sólo le queda arrodillarse, mirar al cielo, y rezar.
La relatividad es Dios, inabarcable, intratable e infinita. Y Einstein es su profeta.