viernes, 4 de junio de 2004

Sangre, sudor y lágrimas

Mis leucocitos han eclosionado. En estos momentos estoy observando como de cada uno de mis poros salen pequeños seres, provistos de graciosas patas articuladas.
Quiero correr; ¡corre, corre!
Lamento profundamente no tener mis alas. Lamento habérselas regalado ("tómalas, ya no las necesito") a aquel pobre desgraciado que ahora es el señor del universo.
Sobre mi cabeza vuelan tantos aviones que no sé si encontraré el mío. Sus motores me ensordecen, y me hacen daño cuando aterrizan sobre mis hombros.