Siempre he creido en el Karma, en la compensación mística del bien y del mal.
Por eso temo los regalos inmerecidos, porque sé que, tarde o temprano, probablemente temprano, lo lamentaré.
Hay quien preferiría ser un desgraciado toda su vida para evitar la angustia que supone esperar la desgracia.
Ya nos llegará la hora, ¿no?
sábado, 26 de junio de 2004