Me he asomado a un pozo. Era húmedo, profundo, pero una tenue luz permitía distinguir lo que ocurría en el fondo. Allí se había instalado una compañía de teatro. Actores, técnicos, atrezzo, director. Todos. Representaban una obra.
Les pregunté por qué descendían hasta los abismos para practicar con una simple obra de teatro. Me respondieron que, lógicamente, la acústica era excelente. Además, nadie se iba a interesar por la obra en la superficie, el teatro ya no interesa, el público es cada vez más escaso, y sólo acude para dejarse ver. El público contemporáneo no entiende de teatro.
Asentí, y les dejé. No es la primera vez que me asomo al abismo, pero, eso sí, nunca había encontrado a nadie allá abajo. Creo que mañana voy a volver, a ver si finalizan su representación.
miércoles, 28 de julio de 2004