martes, 13 de julio de 2004

Afortunadamente...¡hey!

Sólo una piedra. Una piedra será suficiente.
Me subiré a ella y observaré a todos desde arriba. Sus cabezas, sus cuerpecillos, desde arriba. Entonces ya podré decir lo que quiero decir, y seré escuchado.
Y, desde arriba, mis palabras sonarán a verdades poderosas, a soluciones definitivas.
Luego volveré a mi lugar. Mis palabras, sin embargo, seguirán sonando en el tiempo, y todos las interpretarán. Más aún, interpretarán mis silencios, por la sencilla razón de que, a veces, las palabras pensadas son más importantes que las dichas. Y el silencio es el lugar más adecuado para pensar.
¡Ay, si supiéramos transcribir el silencio!