jueves, 1 de julio de 2004

De la perfección a la nada

Gira la tierra, giran los planetas, giran las galaxias y las estrellas en su interior. Giran todos los universos.
Imaginen que situamos una esfera en el centro geométrico del cosmos, en el único punto inmóvil que la existencia ha podido concebir. ¿Pueden creer que exista algo más bello? Culminación de forma, materia y movimiento. El summum del control sobre lo real.
Ahora imaginen que no situamos la esfera en este punto, sino que la descubrimos, que siempre estuvo ahí. Alabaríamos la perfección de la creación y estaríamos orgullosos de formar parte de ella.
Un último esfuerzo de la imaginación. La esfera no existe, tampoco tal punto, todo gira por azar, la realidad es sólo el producto de una inercia predecible y computable. Un escalofrío comienza a recorrernos.
O tal vez ni siquiera nos movemos, ni existimos, somos fruto de la mente de alguien, somos un espejismo en el desierto del tiempo, la ecuación que explicaba nuestro entorno era tan falaz como el número cero.
No, mejor no imaginemos eso... mejor no imaginemos nada.