Tal vez ha llegado el momento de destruir el continente. Entonces el contenido se desparramará por todas partes, se introducirá en todas las rendijas y su expansión será imparable.
Pero incluso la destrucción requiere cierta delicadeza, para hacer las cosas bien, para que los pequeños cortes en nuestras almas no hagan fluir más sangre de la debida. La destrucción también es un proceso frágil, sutil, como cortar un hilo de seda.
Y la autodestrucción, más aún.
domingo, 18 de julio de 2004