Tanta era la sombra que los rayos del sol difícilmente acertaban a saludar con timidez. En la fría oscuridad del mundo vegetal las sensaciones no tienen utilidad, no son expresables. Mundo vivo, mundo en coma. Mis preguntas rebotan sobre los abetos como sobre las personas. Ni unos ni otras contestan, y yo termino por olvidar lo que pregunté.
Me acerco a un claro. Oigo la charla del muchuelo, la dulce entonación de los sapos, las enseñanzas que reciben los abetos más jóvenes.
Invoco a los duendes, a los trasgos y a las hadas, a las brujas de dorados cabellos y a todos los seres del submundo. Íncubos y súcubos me saludan al pasar. Ya comienzo a escuchar el caramillo de Pan.
¿Qué es este hormigueo que me recorre el esófago y se aloja en mi estómago? ¡Qué comience el espectáculo! ¡Agitémonos presa de la enajenación!
sábado, 7 de agosto de 2004