martes, 31 de agosto de 2004

Cuentos de la cripta

- Estoy cansada de arrastrarme por el suelo. Quiero volar - comentó la desdichada serpiente.
El águila comenzó a reir, y así lo hacía también el soberbio dromedario.
- Eso no es posible - respondió éste último. - No puedes sobrepasar los límites de la naturaleza. Confórmate con quien eres, estás condenada a morder arena durante toda tu vida.
Pero la serpiente era testaruda.
Un día comenzaron a surgir unos bultos sobre su escamoso lomo. Con el tiempo éstos fueron creciendo, y coloreándose, hasta convertirse en unas alas bellas y fuertes como los dioses del Olimpo.
La serpiente desplegó sus alas, alzó la mirada y levantó su alargado cuerpo del suelo. En ese momento, el águila se acercó rauda, la asió con sus afiladas garras y la mordió hasta acabar con ella.
Definitivamente, nadie puede ir más allá de su propia naturaleza.