lunes, 2 de agosto de 2004

Hace ya tanto tiempo...

Aquella mañana regresé al mundo de los vivos a causa de unos fotones que golpeaban la piel de mi rostro. Las gaviotas habían estado graznando en mi oído durante horas, y sin embargo no habían conseguido despertarme. Paradójico, ¿no creen?
Busqué unos ultramarinos. Cuando los encontré, renuncié a ellos. No por la destrucción del deseo una vez alcanzado el objetivo, sino porque se encontraba allá, muy, muy lejos, mar adentro. Tampoco había cabinas telefónicas para solicitar el servicio a domicilio.
Sólo me quedaba subirme al bote y remar en dirección contraria. Con cuidado, eso sí, procurando evitar el surgimiento de ampollas indeseadas en las palmas de las manos.
Por supuesto, no pienso observar a los peces que saltan a mi alrededor. La biología ya no me llena. Es arriesgada. A partir de ahora me dedicaré a la necrología.