viernes, 6 de agosto de 2004

Un segundo tras otro

Todos los siglos anteriores se me han venido encima como un alud de nieve.
No puedo gritar con la boca llena, los ojos me arden y un chunda-chunda estremecedor desordena mis oídos. En torno a mí, gentes extrañas parecen disfrutar.
En momentos como éste envidio a los reptiles. Lengua viperina y piel escamosa. Y con qué eficacia se protegen del sol...
Las iguanas alzan sus manos al cielo, las serpientes devuelven el fruto robado, el camaleón se camufla con el aire, un lagarto me mira fijamente y deja caer por su mejilla una lágrima de cocodrilo.
Ni el Anticristo podría pensar un paisaje más idílico.