viernes, 24 de septiembre de 2004

Input / Output

Al principio eran como dos pequeñas pecas en el centro del pecho. Habían surgido allí de repente, una mañana. Eran como dos ojos que miraran directamente desde una situación privilegiada, junto al corazón.
Pero era más que eso. Las dos manchas en la piel comenzaron a hacerse más y más profundas, hasta convertirse en dos agujeros que parecían taladrar la tráquea. Y, sin embargo, no sentía ningún dolor.
Aquel hombre, gris y pusilánime, comenzó a saberse especial. Comenzó a pasar horas enteras ante el espejo observándose los agujeros. Los acariciaba, su tacto era grato.
Finalmente, comprendió que todo ha de tener una utilidad. Su profundidad y la distancia entre uno y otro le dieron la clave. Fue a la cocina, tomó la batidora y se la enchufó en el pecho.
Funcionaba.