Suceden tantas cosas cuando te mueves de acá para allá que el mundo se convierte en una fábrica de anécdotas. Tan sólo hay que saber ser un buen narrador, y todos se maravillarán ante tus proezas, ante tus aventuras. Con los ojos muy abiertos exclamarán en tono de alabanza, deseando haber sido quien nunca se atreverían a ser.
Cuestión de retórica. Incluso si no te mueves. Ya se encargará el viento de transportarte. Lo importante no es dónde estés, ni cuándo, ni cómo, sino cómo sepas contarlo.
Si lo haces bien, dominarás al resto.
martes, 14 de septiembre de 2004