domingo, 12 de septiembre de 2004

Necrópolis

El paraíso en la tierra.
Comienza la gran fiesta de la vida eterna. Enciendan las hogueras, preparen los fuegos artificiales y comiencen a servir los aperitivos.
El ambiente es agradable. De los mausoleos surgen, en traje de noche, las damas más distinguidas. El servicio ofrece tragos de vermut bellamente decorados.
Nunca tantas cosas en común, nunca tanta confraternidad.
En los cipreses que marcan el sendero ululan las lechuzas, felices por poder participar en una reunión que durará todos los tiempos mientras el sol se siga poniendo.
Al amanecer, todos los invitados se retirarán, momentáneamente, a sus aposentos.
¡Qué difícil es entrar en clubes tan selectos! Hay que ser especial. Hay listas de espera que asemejan una condena. Hay quien lleva esperando varias décadas y un día.
Memento mori.