jueves, 9 de septiembre de 2004

Psicología inversa

El señor Skinner se enfundó su traje de buzo y se sumergió con decisión. Un hombre-rana, un anfibio antropomorfo explorando las profundidades de la psique humana.
Pero la función del explorador es peligrosa, y el océano de la mente es tumultuoso como la base de un tifón. Especies irreconocidas, fenómenos inclasificables y un insondable y oscuro fondo marino llevaban al señor Skinner a preguntarse para qué habían servido treinta años de psicología experimental y de exposición de teorías.
Las actitudes humanas no actúan siguiendo clasificaciones. Éstas sólo sirven, a posteriori, para explicar los fenómenos conocidos. Pero el océano es tan vasto...
Cuando Skinner salió de nuevo a la superficie, jadeante, agotado, se encontró con un grupo de perros que, hambrientos, gruñían con fiereza. Sus glándulas salivales se excitaban al oír el sonido de una campanilla...