jueves, 21 de octubre de 2004

Creta

El minotauro había vencido. A sus pies yacía Teseo, sangrando e inconsciente, probablemente muerto. Al minotauro no le agradaban los cadáveres, de hecho se había convertido en vegetariano para evitar la visión de la sangre. Sin embargo, en aquella ocasión había actuado en defensa propia.
¿Cómo osó Teseo irrumpir en su morada de esa manera? ¿Por qué intentó matarlo cuando él no le había provocado? ¡Qué salvajes estos humanos! Por eso había tenido que clavarle una de sus astas en el corazón.
Teseo llevaba un hilo atado a su cintura. Era largo, y se perdía más allá del pasillo donde había tenido lugar el combate. El minotauro comenzó a seguirlo, recorriendo hacia atrás el camino que había traído a Teseo a su presencia.
Cuando llegó al final, encontró a una chica.
- ¿Cómo te llamas?
- Ariadna -contestó ella.
Era guapa. Y en sus ojos el minotauro detectó un brillo especial, como de enamorada.