domingo, 10 de octubre de 2004

En brazos de Morfeo

Ahí va mi último sueño, para satisfacción de Freud y otros modelos interpretativos.
"Me hallo sobre la cama en una habitación en penumbra. En las paredes cuelgan un par de espadas cruzadas y un grabado del siglo XVI. Entra un tipo que viste una camisa manchada de musgo. No lo conozco, pero anda evidentemente sonámbulo. De forma inconsciente me suelta una perorata sobre el futuro del mundo empresarial y las posibilidades de inversión, y mientras tanto agarra una de las espadas y trata de clavármela en un botón rojo que tengo dibujado en el pecho.
Acude entonces un Caballero Templario, con su armadura completa, adornada como remate por una Cruz del Temple que cuelga de su cuello y un Baphomet sonriente agarrado al yelmo. Éste me defiende y expulsa al tipo sucio. Para calmar mi comprensible ansiedad, me ofrece una taza de té, un pan de ajo y un puro habano.
Pero el té está demasiado caliente, el puro está roto en dos pedazos y el pan de ajo comienza de repente a hablar, a recitar una serie de expresiones repetitivas que me sacan de quicio. Yo sólo quiero un vaso de agua.
Pasa por allí un camarero y le pido con educación que me proporcione el preciado líquido, pero no me atiende, se ríe y se va.
Empiezo a llamarle, cada vez en voz más alta, hasta que comienzo a gritar.
Entonces me despierto."
Y por cierto, ¿es mi cara la que aparece impresa en los billetes de 5?