viernes, 29 de octubre de 2004

Noche de difuntos en el monte de las ánimas

Todavía no he aprendido a respirar bien. La cosa iba de inspirar, espirar, inspirar, espirar, ¿no?
O expirar.
Una serie de almas en pena se me han subido a los hombros. Su compañía es hasta cierto punto grata, me cuentan sus historias y me aconsejan, no hagas esto, no hagas lo otro, mira como hemos terminado nosotras... Sin embargo, su peso es demasiado para mi frágil constitución, y la espalda comienza a dolerme.
Voy a dejar de hablarme con mis almas en pena por unos días, a ver si así me abandonan, aunque, para ser sincero, lo veo complicado, sobre todo cuando observo las miríadas que me suben por las piernas.