Los globos oculares son, en realidad, universos. ¿No lo sabíais? Si miráis atentamente a las pupilas de alguien, podréis comprobar como brillan, allá, sobre fondo negro, una inmensidad de estrellas.
Seguro que nuestro universo también se encuentra en el globo ocular de un ser gigantesco. Quizá ni ese mismo ser es consciente de ello.
Pues sucede que en mi globo ocular, en el universo que en él se creó hace infinitos evos, a estallado una estrella, tan enorme, con tal cantidad de materia y luz, que su destrucción ha creado un agujero negro.
El agujero negro ha comenzado a absorber toda la luz, la materia y la energía circundante. Todo está desapareciendo, el interior de mis pupilas se está convirtiendo en antimateria.
Para empeorar la situación, el agujero negro se ha extendido más allá de los límites de su universo, y ha comenzado a absorber la luz del exterior, la que yo recibo a través de mis ojos. Esta mañana he absorbido mi cama, mis escaleras y un vaso de agua que quería tomar. Incluso he absorbido al portero de mi edificio, que ha desaparecido dejando una mancha oscura en su lugar. Si sigo así, devoraré mi mundo como un universófago voraz.
Voy a mirarme al espejo. Me absorberé a mi mismo. No quiero ser testigo del apocalipsis.
sábado, 2 de octubre de 2004