martes, 9 de noviembre de 2004

7:05 AM

A estas horas el mundo está poblado por androides preprogramados. Todos se mueven en un orden fijo, deambulando según los dictados de sus sistemas de datos. Cualquier cambio en el entorno provocaría un colapso inmediato capaz de hacer saltar todos los engranajes del sistema.
Y en el centro, yo.
Yo intentando sobrevivir, yo con las muñecas atadas, con la libertad coartada por la dictadura del despertador.
La imaginación es libertad, libertad para vivir otras vidas, otros mundos, para ser otras personas, y la mejor forma de imaginar comienza por cerrar los ojos a la realidad.
Cerrar los ojos, ¿comprenden?
Si cerrar los ojos es necesario para ser libre... ¿quién me obliga a abrirlos indefectiblemente a las 7:05 AM?
Exijo la devolución de mi libertad, la reducción de mi condena, o me veré obligado a escapar.