domingo, 7 de noviembre de 2004

El mundo a mis pies

He encontrado un mundo detrás de la puerta de mi sala de estar, en el interior de una mota de polvo.
Es brillante, y produce reflejos de carmesí metalizado. Sus habitantes son tan diminutos que en ellos no cabe la maldad. Cuando se han percatado de mi presencia, me han confundido con su Dios.
¡Qué blasfemia!, ¿no?
Les he tratado de convencer de que no, que soy mortal como ellos, que todo es cuestión de tamaño, pero el tiempo pasa tan rápido por los niveles subatómicos que les parezco inconfundiblemente eterno.
Me siento presionado. No quiero soportar las miradas admirativas y los cantos de alabanza de los millones de seres que pueblan mi mota de polvo. Me inventaré un castigo divino y pasaré la escoba de una vez y para siempre.