martes, 23 de noviembre de 2004

Incertidumbre

Unos minutos de incertidumbre. Sólo unos minutos. Lo suficiente para comprobar que el destino no está en nuestras manos.
Unos gritos a tu alrededor, unos que ríen, otros que lloran.
Me apetece desertar del determinismo, no me satisface.
Sólo en momentos como éste puede comprenderse la razón por la que los dioses se aburren. Cuando todo se sabe, cuando no hay sorpresa, la vida se convierte en una ecuación matemática. Pero la poesía crece en húmedos rincones ocultos, entre dos piedras, allá donde dos más dos no suman cuatro.
¿Qué pasará mañana?
Improvisemos, que la improvisación es bella como un amanecer.
Mañana amanecerá, ¿no?