martes, 30 de noviembre de 2004

La sociedad se hastía

La sociedad se hastía y baja los brazos.
Los individuos, un día cualquiera, abren los ojos y comprueban que sus ilusiones se han convertido en una pesada carga, que sus principios son más una gruesa piedra arrastrada cuesta arriba que una bandera hecha ondear con orgullo.
Entonces se dedican a odiar al sistema, a odiar al prójimo, a odiarse a sí mismos, a odiar en silencio. Un ejército de personajes de Houellebecq que se extiende como una plaga bíblica, tan situados económicamente como cansados de vivir.
Estamos conquistando, algunos de los míos ya son tenientes.
¿Y los que no consiguen el triunfo reputado de la estabilidad económica? Ésos se cambian de ejército, por ejemplo al de los personajes de Bukowski, que también se encuentra altamente demandado.