miércoles, 3 de noviembre de 2004

Mímesis

La inspiración llamó a su puerta, pero no esperó a que le abrieran, sino que penetró como una marabunta, como un huracán incontrolable arrasando con todo lo que encontraba a su paso.
Todos los pensamientos anteriores quedaron reducidos a escombros, a restos irreconocibles de lo que fue y no volvería a ser nunca, de aquello que existió antes de la renovación completa, de la originalidad magistral.
Nadie había nunca recibido un don de tal calibre, y en eso precisamente radicaba su valor.
Nada es tan valioso como un pensamiento original.
Lástima que sean tan escasos, y tan difíciles de encontrar como una piedra preciosa en un vertedero.