"Quiero ser una maruja" - comentó Rogelio. En sus ojos brillaban las ardientes llamas del deseo. "Quiero ser una maruja, y vivir en un patio de vecinos. Quiero ser una maruja en un pequeño pueblo, salir a la calle sin quitarme los rulos y dormir con los tacones puestos, cerrar el pestillo de mi habitación cuando los niños insolentes lancen petardos y las tracas explosionen delante de mi casa. Quiero, sí, quiero ser una maruja para bajar cada mañana a recoger castañas, de ésas de Clase A tipo Golden, ésas que no tienen gusanos y que yo sólo sé reconocer."
Todos aprobaron las ilusiones del joven músico, y brindaron por su felicidad con sidra, y comieron turrón de chocolate.
Tras las despedidas, el Caballero de Izar tomó una Nube Kingdom y subió a la cima de una colina cercana. Allí se quedó dormido hasta que se congeló la nariz y la garganta se le rasgó en finas tiras irreconciliables. Mientras dormía parecía como muerto, tal vez crionizado.
lunes, 1 de noviembre de 2004