En el camino de regreso a casa, el Caballero de Izar de cruzó con una bella doncella. Al preguntarle su nombre, ella respondió que era Betty Mármol, y continuó diciendo que su marido, Pablo, se encontraba en casa preparando unas deliciosas croquetas. Invitó a comer al Caballero, y éste aceptó gustoso.
Otros dos comensales completaban la mesa. Uno de ellos era un músico austríaco, que llevaba la cara pintada de blanco y una cruz invertida tatuada en el centro de la frente. Dijo llamarse Johan Chrysostomus Wolfangus Theophilus, nombre tan complejo que el Caballero decidió llamarle, desde aquel momento, Rogelio. El segundo comensal era una especie de animal mitológico con cabeza de jabalí y piel de oso. Vestía una extraña túnica color violeta, de donde el Caballero dedujo que debía ser versado en las artes mágicas.
Tras la comida, el jabalí se ofreció a deleitar a los presentes con un pasodoble a capella a ritmo de tres por cuatro, pero hubo de deternerse cuando un diminuto mechero color fucsia chillón que llevaba en el bolsillo de su chaqueta comenzó a llamarle con gritos de verdulera. Momentos después el Caballero se percató de que no se trataba de un mechero, sino de un teléfono móvil que sonaba. El jabalí se retiró a contestar la llamada, y fue entonces cuando Rogelio tomó las riendas y, mientras tañía dulcemente un arpa, hizo a los restantes partícipes de su objetivo en la vida.
lunes, 1 de noviembre de 2004