domingo, 19 de diciembre de 2004

Fe de erratas

"Rectifico lo dicho anteriormente. Nunca, repito, nunca, he cometido ningún error".
Así habló el político ante todos los que le escuchaban.
Y así comenzó su declive. Porque la perfección puede ser un anhelo personal o un calificativo atribuido por el resto, pero nunca una autocalificación. La perfección autoimpuesta es soberbia.
Tratemos de ser perfectos, probablemente no lo conseguiremos. Aunque (y que esto quede en secreto), si lo conseguimos, si por casualidad algún día percibimos nuestra propia perfección, mejor será no decírselo a nadie.