¿Decepción? ¿Información? En cualquier caso, por qué negarlo, era un documento inesperado.
¿Recuerdan la botella que surgió del grifo del lavabo? ¿Recuerdan el mensaje que contenía?
No buscaban amigos, no pedían ayuda, sólo predecían el futuro.
En una pequeña hoja de un cuaderno de notas, como escrita al azar, se encontraba la profecía definitiva. En una cuarteta nostradámica, con una evidente claridad semántica, alguien anunciaba la invasión de las ratas. Saldrían de sus escondrijos, valientes, decididas, a ocupar el lugar que les corresponde.
Inútil resistirse. Inútil dejar de creerlo, una profecía es una profecía.
Por tanto, me he atrincherado tras dos de los sofás de mi salón. Y allí espero paciente la inevitable invasión. En una mano, una fregona para golpearlas y resistir tanto como sea posible; en la otra, un bote de matarratas para tomármelo cuando el acoso haya llegado ya a su punto culminante.
martes, 14 de diciembre de 2004