martes, 25 de enero de 2005

Los polvitos mágicos contra el mal de la melancolía

Cuando la melancolía es verdadera, cuando invade nuestro cuerpo hasta someterlo por completo, cuando la enajenación nos convierte en otros, incluso nuestro entorno termina por contagiarse.
Entonces el cielo es más gris, hace más frío, la gente con la que te cruzas sonríe menos, las gotas de lluvia se convierten en las lágrimas del universo.
La tristeza meditada, no obstante, es el privilegio de los iluminados, de los que han percibido que merece la pena llorar. Es por eso que, si existe la pócima que remedia el mal de la melancolía, es conveniente administrársela en pequeñas dosis, restringiendo su efecto, para no perder la batalla de la sonrisa estúpida.