Acabo de cambiar de mi concepción del yo.
Después de darle muchas vueltas, de sopesar, reflexionar, escarbar y navegar por los anchos mares de la meditación, he concluido que el yo no era lo que yo creía, y por lo tanto el yo que creía no era el yo que yo creía que creía.
El nuevo yo, en realidad, es algo más parecido al tú, como puede comprobarse:
- ¿Quién eres tú?
- ¿Yo?
- Sí, tú.
- Yo soy yo. ¿Y tú?
- ¿Yo? Yo.
Ante esta disyuntiva, fusiono mi yoidad con la tuidad del que tengo enfrente.
¿Y él?
¿Quién?
miércoles, 19 de enero de 2005