Dicen que adelantar a un coche fúnebre en la carretera trae mala suerte, especialmente si transporta en su interior un ataúd.
Pues ayer adelanté a uno de estos vehículos y en las condiciones especificadas. Y lo hice en dos ocasiones, recreándome en el hecho, paladeando el riesgo y la aventura, con actitud retadora.
Una de dos: o el ataúd del coche estaba vacío, o lo voy a pasar mal en los próximos días.
domingo, 9 de enero de 2005