A veces pienso que me gustaría darme un paseo por el cosmos, ver el universo en colores y adquirir entradas para el concierto continuo de las esferas. Pero sé que mis pobres oídos, poco acostumbrados a las vibraciones armónicas de los cuerpos celestes, estallarían en millones de particular timpánicas que flotarían por el ingrávido vacío como una tabla sobre el mar.
Sin embargo, el martillo, el yunque y el estribo podrían seguir golpeando, y unir su percusión a la sucesión de intervalos regulares y proporcionales que los simples mortales ni siquiera pueden imaginar.
Me reconforta saber que ya tengo mis entradas reservadas.
sábado, 15 de enero de 2005