domingo, 27 de febrero de 2005

El infierno es blanco y frío

Sí, no se equivoquen, yo lo sé porque acabo de llegar de allí. He tardado tres horas y media en cruzarlo, tal vez por no tener los suficientes óbolos para pagar a Caronte.
Pero no está en las profundidades, ojo. Dante se equivocó al hablar del descenso a los infiernos, pues éstos se encuentran en las cumbres más altas, y son, efectivamente, de un blanco inmaculado, y mullidos como la tripa de un peluche.
Allí encontré a Perséfone reclinada en su trono, y a Anquises que me contaba las hazañas de su hijo.
Cuando cae el sol en el infierno se apodera de sus habitantes una inevitable ceguera, una ceguera blanca de niebla y nieve.
Y a la salida, cuando ya crees que lo has visto todo, te encuentras a Orfeo tirado en una cuneta, llorando sus desgracias.

sábado, 26 de febrero de 2005

Xenoglosia

Hoy me he despertado hablando una lengua que, al menos hasta el día anterior, me era totalmente desconocida.
Se trataba de una sucesión de fonemas que yo desarrollaba con total naturalidad, como quien parpadea. Abundaban los fonemas guturales, velares, y unos curiosos uvulares que yo ni siquiera hubiera pretendido unos días antes tener la capacidad de pronunciar, dada la vulgaridad y poca autonomía de mi aparato fonador, y que sin embargo revelaban un conjunto lingüístico lleno de armonía, en absoluto cacofónico.
Me sentía realmente feliz por poder hablar una nueva lengua, de modo que comencé a investigar, suponiendo que tal vez pudiera tratarse de alguna derivación del arameo clásico, de alguna lengua caldea o quizá del sánscrito coloquial, que al fin y al cabo son las lenguas más de moda en los procesos xenoglósicos.
Pero una inquietante sospecha ha turbado mi ánimo. Algunos indicios me hacen pensar que puedo haber aprendido la lengua del monstruo que vive dentro de mi armario, ése que hace ruido por las noches, el que se arrastra por el pasillo mientras me rindo a la duermevela, el que hace crujir toda la casa, el que deja mechones de pelo colgando en las esquinas del mobiliario.
Me lo imagino saliendo de su escondite y, mientras duermo, colocándome el infalible curso interactivo e inconsciente del "Aprenda su lengua sin esfuerzo" en un reproductor MP3 de última generación. Y yo aprendiendo sin darme ni cuenta.
Tal vez quiera comunicarse conmigo. No debe quedar mucho, en realidad hablo con bastante fluidez.

jueves, 24 de febrero de 2005

The end

Aquel tipo apareció mientras la chica abría la puerta para entrar en casa. No había nadie, su familia estaba de viaje, y por su mente pasó la idea de que él lo sabía, tal vez la había estado espiando, tras los arbustos, tras las farolas, tras la realidad.
- ¿Quién eres? -preguntó.
- Ródenas -contestó el otro mientras le enseñaba una placa.
- ¿Eres poli?
- ¿Podemos entrar y sentarnos un rato en el sofá? Tengo algo que decirte. Podrías encender la televisión mientras tanto...
No había pasado un cuarto de hora cuando el comisario Ródenas salía. En el sofá, como un muñeco aterrador, se encontraba el quinto cadáver desojado del asesino en serie.
Ródenas se paró durante el camino de vuelta a echarse el habitual cigarrillo. Volvería a casa como cada noche, pondría la tele con la tranquilidad del asesino que no va a ser capturado, se serviría el habitual Martini y, con sumo placer, lavaría y clasificaría las piezas oculares nueve y diez.
Después, y sólo después, llamaría a su ayudante para anunciarle que habían encontrado a la quinta víctima.

lunes, 21 de febrero de 2005

Y dos

Un nuevo cigarrillo, esta vez en el sofá de su casa. Sin encender la televisión, que tampoco ofrece nada interesante. Tan sólo un suave hilo musical para relajar las tensiones del duro día de trabajo.
El comisario Ródenas ojeó las fotos de los cadáveres, se sirvió un martini y buscó en el inmaculado techo de su salón la respuesta a las cuestiones que le asaltaban.
Las chicas eran cuatro, ocho los ojos robados, su ayudante se creía protagonista de un thriller de serie B y su prestigio estaba en juego. Sin embargo, nada de esto le importaba en absoluto. Esta vez el asesino sería verdaderamente difícil de cazar, llegaría a las diez, a las veinte víctimas de los psicópatas que han entrado en la leyenda.
Y el comisario Ródenas, ante todo esto, no podía más que esbozar una sonrisa conformista.
Mañana, mañana atacaría de nuevo.

sábado, 19 de febrero de 2005

Una de detectives

El comisario Ródenas comenzó a liar un cigarrillo, como siempre hacía ante la vista de un cadáver ("para tapar con el humo el olor de la sangre fresca", decía). Sus sospechas fueron pronto confirmadas por su ayudante.
- Es el mismo, comisario -dijo éste. - Mismas características, mismo modus operandi. Fíjese en la postura. Ya tenemos aquí a la cuarta.
Ante él se encontraba la chica, o lo que quedaba de ella, enrollada en posición fetal sobre el sofá de su salón, como las tres anteriores. Con el rostro vuelto hacia la televisión encendida y emitiendo cualquier programa estúpido, también como las víctimas anteriores. Con las cuencas de los ojos vacías, con los globos oculares desaparecidos, con las imágenes televisivas reflejándose en las oscuras cavernas que se abrían bajo sus cejas.
- Alguien tiene una bonita colección de ojos, comisario.
Siempre tan frívolo, este ayudante. Cómo se nota que es joven, que todavía la muerte la parece un motivo fascinante al que dedicar una vida.
El comisario aspiró el cigarrillo.
Ahora olía a humo.

jueves, 17 de febrero de 2005

O-rigen

¡Qué difícil es ser original!
El problema es toda la carga de pasado que llevamos sobre nuestras espaldas. Es imposible crear algo nuevo cuando los métodos están establecidos, los pasos dictados y las posibilidades de progreso limitadas.
Tengo razón en quejarme. Cualquier producto nuevo es tachado de impropio, y al mismo tiempo hay quien lamenta el hecho de que la sociedad actual no hace más que renovar lo ya existente.
Para dejar paso a lo original, al origen, hay que acabar con lo anterior. Probablemente no estaría de más rasgar un par de libros, callar un par de bocas, volcar un par de estatuas, no demasiado, pero lo suficiente para que el terreno quede allanado, para poder plantar nuevos y más fuertes cimientos.

martes, 15 de febrero de 2005

Elvis está vivo

Es más. Elvis existe, está aquí, porque Elvis soy YO.
¿Acaso lo dudáis, oh incrédulos, incluso cuando os digo que yo vine al mundo precisamente el día en que murió la estrella? ¿Es que no lo veis? ¿Es que acaso los humos de la envidia nublan vuestras mentes?
Pues sí. El genio vive y perdura en mi persona, y cuando eclosione volverá a dominar los escenarios y a volver locas a las jovencitas con sus dulces melodías. Are you lonesome tonight?
¡Mirad, mirad cómo mis caderas comienzan a tambalearse de forma irresistible! Ya lo siento, ya llega...
Love me tender, baby.

domingo, 13 de febrero de 2005

Providencia

Y decido que este fin de semana no voy a salir de casa, que las partículas corruptas del aire no se frotarán con mi sensible epidermis, que serán setenta horas de reflexión, lectura y meditación en busca de mí mismo, de ese ser al que hace tanto que no veo.
Y sale un sol magnífico, precisamente hoy, y la temperatura roza valores tropicales, y la gente pasea y sonríe por las calles, y los negros nubarrones desaparecen, y Celsius y Farenheit se muestran generosos.
Pero voy a seguir encerrado. Porque lo he decidido y porque la esencia no puede modificarse por el entorno, porque el contexto no es más que una brisa que golpea impotente la roca.
No dejo de preguntarme, de todas formas, por qué precisamente elegí el día de hoy. Es una cuestión de providencia, es mi destino, por más que lo intente estoy felizmente condenado, y lo estaré por siempre, a pasear mis ideas por el lado oscuro.

viernes, 11 de febrero de 2005

Morituri te salutant

Oye, pues sí que molaría ser uno de esos antiguos gladiadores, fuertes y poderosos, objeto de admiración por parte de sus incondicionales y receptor de los mayores odios de sus detractores.
Sería divertido ver levantarse a miles de personas movidas como resortes por tu propia fiereza y virtud, vencer a otros gladiadores, brindar al emperador tus victorias, saborear por las noches los dulces granos de uva recostado sobre el triclinium y en compañía de las más bellas damas.
Pero lo más apatecible, lo que de verdad colmaría mis ansias de grandeza, sería morir en la plenitud de mis facultades, joven, orgulloso y devorado por las fauces de un enorme león.

miércoles, 9 de febrero de 2005

La memoria de las piedras

He pensado que las piedras han visto más mundo que yo. Lo he comprobado, y si ellas pudieran hablar nos contarían de los cielos y la tierra, del paso del tiempo, de los dioses y de los hombres, de todo lo que se mueve y de lo que permanece por siempre intacto.
La sabiduría perdura en las mentes de los hombres, en los enigmas del universo y en la firme materia de las rocas. Voy a llamar, a ver si me abren.
Toc, toc.

lunes, 7 de febrero de 2005

Por un plato de lentejas

Vivo en un invernadero, bajo el sol de justicia que recrean las lámparas halógenas y el persistente murmullo de los generadores y de las gotas de agua que taladran todo lo que se les pone por delante, como un torrente de ácido sulfúrico.
De vez en cuando vienen, nos riegan, nos adecentan para que luzcamos con belleza y los rostros extraños puedan lanzarnos piropos de admiración.
En las esquinas se instalan, ordenadamente, los cuerpos de los que sonríen sin saber por qué. Del techo cuelgan, enganchadas por el cuello, las mentes de aquellos que vendieron su carga de misticismo por un plato de lentejas.
¡Damas y caballeros, les presentamos el psiquiátrico de los soñadores!
A veces, aunque no siempre, la realidad gana la partida.

jueves, 3 de febrero de 2005

Un simple bloqueo mental

Era temporal, me dijeron, y mientras devoraban mis entrañas.
Hoy, casi un año después, sigo sin encontrarme en la sucesión de minutos y segundos. Es más, cada vez estoy más perdido, cargado, contaminado y condenado.
Tan desenfocado estoy que se me enturbia el horizonte que antes se dibujaba diáfano, tan desenfocado que complico la visión de los demás.
El blanco de mi mente ha dejado de existir, le han surgido unas manchitas rojas sarampiónicas que no sugieren nada bueno.
Era temporal, me dijeron. Sí, eternamente temporal.
No pretendo ser apocalíptico, que me perdonen los poetas y los profetas del bien. Sucede que simplemente presiento una catástrofe.

martes, 1 de febrero de 2005

La hoguera de las vanidades

¡Qué ambiciosa la hiedra que trepa con determinación por el muro en ruinas! Lástima que en poco tiempo termine derrumbándose.
¡Qué hábil la mariposa que recién nacida pasea su conjunto multicolor en dulce vaivén sin saber, oh triste existencia, que sólo en un par de días yacerá exánime sobre el suelo!
¡Qué vanidoso el dios que crea una especie a su imagen y semejanza sólo para ser adorado, aun sabiendo que la ingratitud les hará descreer y blasfemar sin consideración!
¡Qué pretencioso el hombre que busca ser tan poderoso como el dios que lo creó, aun siendo consciente de la imposibilidad de su cometido!
¡Qué cruel es la vida, qué lícitos los ideales y qué hermoso el fracaso!