Aquel tipo apareció mientras la chica abría la puerta para entrar en casa. No había nadie, su familia estaba de viaje, y por su mente pasó la idea de que él lo sabía, tal vez la había estado espiando, tras los arbustos, tras las farolas, tras la realidad.
- ¿Quién eres? -preguntó.
- Ródenas -contestó el otro mientras le enseñaba una placa.
- ¿Eres poli?
- ¿Podemos entrar y sentarnos un rato en el sofá? Tengo algo que decirte. Podrías encender la televisión mientras tanto...
No había pasado un cuarto de hora cuando el comisario Ródenas salía. En el sofá, como un muñeco aterrador, se encontraba el quinto cadáver desojado del asesino en serie.
Ródenas se paró durante el camino de vuelta a echarse el habitual cigarrillo. Volvería a casa como cada noche, pondría la tele con la tranquilidad del asesino que no va a ser capturado, se serviría el habitual Martini y, con sumo placer, lavaría y clasificaría las piezas oculares nueve y diez.
Después, y sólo después, llamaría a su ayudante para anunciarle que habían encontrado a la quinta víctima.
jueves, 24 de febrero de 2005