Oye, pues sí que molaría ser uno de esos antiguos gladiadores, fuertes y poderosos, objeto de admiración por parte de sus incondicionales y receptor de los mayores odios de sus detractores.
Sería divertido ver levantarse a miles de personas movidas como resortes por tu propia fiereza y virtud, vencer a otros gladiadores, brindar al emperador tus victorias, saborear por las noches los dulces granos de uva recostado sobre el triclinium y en compañía de las más bellas damas.
Pero lo más apatecible, lo que de verdad colmaría mis ansias de grandeza, sería morir en la plenitud de mis facultades, joven, orgulloso y devorado por las fauces de un enorme león.
viernes, 11 de febrero de 2005