lunes, 7 de marzo de 2005

El reloj de arena y el astrolabio

A medida que envejezco se refuerza una molesta sensación interna, la de estar perdiendo el tiempo. Deben de ser los achaques de la edad, pero el caso es que mi incomodidad por toda esta situación comienza a cansarme.
El tiempo es tan valioso que nada de lo que hagas con él compensa la incalculable pérdida de esos granitos de arena que se han deslizado a la parte inferior del reloj. Lo que haces no sirve para nada, y lo que no has hecho sólo sirve para que te lamentes por las oportunidades perdidas.
Todo se tiñe de un gris ceniza.
Y los demás, cuyo mundo es tan ceniciento como el tuyo, no se dan ni cuenta. ¡Qué envidia! Voy a contarle la verdad a todos, para que sufran.