miércoles, 23 de marzo de 2005

Rosenkranz, Segismundo, la mística, el mito y la búsqueda

- Son días extraños, éstos en los que el tiempo existe, y es tuyo, y lo tienes, y lo puedes utilizar en lo que prefieras... (Pausa para, precisamente, desperdiciar un poquito de ese tiempo, ahora que sobra).
- Oye, pero, ¿no consistía precisamente en eso la libertad? ¿En que cada uno hiciera uso de su tiempo como más le satisficiera?
- Ah, sí, es verdad... Suena bien, eso de la libertad. Ya casi la había olvidado.
- Aprovéchala, porque debes saber que no te han dejado salir de la prisión de forma definitiva. Sólo te han sacado un ratito, para que compruebes que el sol sigue ahí.
- ¿Para hacerme paladear un rato la dulce miel y después arrabatármela como a un vulgar Segismundo?
- Puede ser. O, tal vez, para que vivas este tiempo de libertad como si fuera el último, para que lo aprecies como un tesoro, para que la esperanza de la siguiente breve salida te dé fuerzas para sobrevivir al encierro.
- Quién sabe. Por cierto, ¿seremos completamente libres algún día?
(Risas, entre sarcásticas y amargas).