viernes, 4 de marzo de 2005

Xanadú o la amnesia histórica

Creo que voy a rectificarme a mí mismo, como se supone que deben hacer los sabios (de lo que se deduce que los sabios escasean, qué le vamos a hacer).
En realidad, la solución se encuentra en no desear pasar a la historia. Ser conocido implica ser vigilado, y ser reconocido lleva a los demás a una admiración hacia ti que te obliga a mantener las formas continuamente, incluso en aquellos momentos en los que quisieras gritar, saltar y empezar dar volteretas.
Al final resulta que, si lo analizamos con frialdad, el anonimato es una buena opción. Amnesia histórica, que nadie se acuerde de nosotros cuando hayamos muerto.
Seguro que, sólo para contrariar, sólo por ese gusto sádico por el disgusto ajeno, serán elevados a los altares precisamente aquéllos que menos lo deseen.
Y yo, ¿por qué estoy escribiendo esto? No lo hago para ser recordado, ¿verdad?