Los supremos gerifaltes de la sociedad comenzaron a buscar culpables. ¿Quién habría sido capaz de cometer tales atrocidades? ¿Quién había osado subvertir las leyes incuestionables e insobornables de la convivencia?
Siglos de tradición, de estricta moral y de buenas costumbres siguiendo la senda marcada por los sabios antepasados estaban en peligro.
Se formaron partidas de caza, eufemísticamente llamadas "comités de investigación", se introdujeron en las oficinas, en las casas e incluso en el pensamiento de las gentes de bien. Muchos fueron sacrificados en nombre de una sospecha, otros por un simple intento de elevar la voz.
Hasta que los propios gerifaltes, saciados con la sangre del prójimo, chorreando sadismo e irracionalidad, terminaron por encontrar a los verdaderos culpables.
Ellos mismos.
Entonces el asunto se dio por concluido, todos bajaron la cabeza, disolvieron los comités y se refugiaron en el "hasta aquí hemos llegado" y en el "caso archivado". Nunca volvió a investigarse.
miércoles, 27 de abril de 2005