Habría que redactar manifiestos, imprimir panfletos, inundar con ellos las calles de nuestras ciudades.
Habría que proclamarlo a los cuatro vientos, con oradores en cada esquina, sobre estantes alzados con timidez, como los verdaderos profetas, los profetas de la nada.
Habría que solicitarlo con convicción. Para que regresen. Para que vuelvan a gobernar. Para que todos sepamos de sus glorias, de sus virtudes y beneficios, de su poética esencia y de su placentera existencia.
Para que el pragmatismo comience, paulatinamente, a agonizar.
Un mundo gobernado por las Musas, marcado por el arte, hedonismo por decreto.
Que vuelvan.
domingo, 3 de abril de 2005