domingo, 8 de mayo de 2005

Apariciones

Y no era su culpa, lo hubiera jurado ante el más estricto de los tribunales. No podían declararle culpable de nada, porque él se había visto obligado, no había sido más que un instrumento, un arma utilizada por poderes superiores. ¿Alguien condenaría a un cuchillo o a un rifle? Vale que éstos no tienen voluntad propia, pero él tampoco la tenía, porque le dirigían, porque le hablaban de tan dentro...
Sabía perfectamente que no era un sueño. Un sueño es irreal, no es físico, un sueño se intuye, como una ficción, como un holograma. Aquello era algo más, algo tan real como sus familiares, como la vida.
Estaba ahí, delante de él, constantemente, mirándole a los ojos, y le hablaba desde dentro, como si pudiera introducirse en su cerebro, como si emitiera sonidos a través de cuerdas vocales ajenas.
Y le pedía sangre, matar, morir si era necesario...
Ahora de la sien de aquel pobre desconocido brotaba un hilillo del líquido rojo de la vida. Estaba inconsciente. No, estaba definitivamente muerto.
Pero él no había sido, él no podía ser culpable.