sábado, 14 de mayo de 2005

Beyond, el más allá del plus ultra

Vivir en un décimo piso es como habitar un continente inexplorado. Estás tan lejos de todo que observas el mundo como un Júpiter atronador riendo desde el Olimpo. Llegar al décimo podría convertirse en toda una Odisea, pero prefieres, lógicamente, tomar el ascensor y teletransportarte, directamente, a tu lugar de destino, desafiando los límites del espacio y el tiempo, como quien toma un avión, aterriza en pleno centro de Australia y se vuelve sin haber conocido en absoluto el país de los canguros.
Pero el día que se fue la luz, el día que la frágil corriente eléctrica dejó de suministrarnos la base material de nuestra existencia, ese día tuve que enfrentarme al desafío de explorar, como un Indiana Jones urbano, los temibles y desconocidos tramos de escalera que desembocaban en la puerta de mi vivienda.
Eso, al menos, creía yo cuando inicié mi recorrido látigo en mano, preparado para luchar contra los dragones, las quimeras, los yonquis y las medusas que, a buen seguro y como ilustran los mapas antiguos, pueblan estos lugares recónditos y desconocidos.
No fue para tanto, aunque los mapas medievales acertaron en un detalle fundamental. En el séptimo piso, contra todo pronóstico, se extendían los inmensos abismos del fin del mundo, y la escalera desaparecía en un tremendo agujero de gusano, más allá de la lógica de la materia y de las obligaciones éticas de los constructores de edificios.
Volví a bajar, aterrorizado, ahora ya sé que, sin luz, mi casa es inaccesible, como las casas astrológicas.