Porque el silencio abre la puerta a lo desconocido, a los que rondan por ahí y se desplazan sigilosos, a los que guardan secretos irrevelables, porque el silencio podría permitirte descubrir, apenas sin querer, a alguien que no debía ser descubierto.
El silencio se me instala en los pliegues cerebrales y desarrolla mi incipiente esquizofrenia. Las voces, los ecos y los crujidos del silencio son tantos como los acordes de una orquesta sinfónica.
Necesito el silencio para pensar, pero el silencio me produce pavor. Pensar, de hecho, me produce pavor, a saber las conclusiones a las que puedo llegar...
martes, 24 de mayo de 2005