miércoles, 11 de mayo de 2005

Grandes viajes a precios ridículos

El tipo gordo entra en la agencia de viajes. Espera su turno pacientemente, entre silbidos y miradas distraídas, hasta que se sienta frente a la empleada. Le dice, con los ojos chispeantes de ilusión, que quiere comprar un billete para visitar durante una semana la ínsula Barataria.
La chica le responde, perpleja, que cómo pretender ir a ese lugar. En avión, por supuesto, cómo iba a ser si no, tratándose de una ínsula. El barco se ha convertido en un transporte anacrónico, apostilla el tipo gordo.
La dulce empleada se pone nerviosa. Trata de explicarle al amable pero confundido señor que la ínsula Barataria no entra como destino en sus catálogos, que ni siquiera existe, que como ínsulas, a nivel nacional, sólo tiene las Baleares y las Canarias, que otras ínsulas como San Fernando, Alborán, La Toja o Tabarca o bien carecen de aeropuerto, o bien de interés como destino turístico.
El tipo comienza a irritarse. Se levanta y embiste, de un cabezazo, el mostrador de la empleada. Ésta llama a su jefa.
Cuando llega la jefa, reprende a la chica. El cliente siempre tiene la razón, le dice, y acompaña al tipo gordo a un despacho interior, donde ella, en persona, tratará de solucionar sus preocupaciones.
Dos semanas después, el tipo toma el sol, en chanclas y bañador, en la playa de la ínsula Barataria.