lunes, 13 de junio de 2005

El bosque

El amable roble da cobijo a los helechos, les provee de humedad y sombra, y estos disfrazan sus intenciones de inofensiva simbiosis justo durante el tiempo necesario para procrear, para ser suficientes, para multiplicarse hasta igualar las fuerzas con el poderoso roble.
Entonces comienzan a trepar por su tronco, ascienden por sus ramas, lo visten, lo tiñen, lo ahogan.
En el bosque de la vida, a veces, no vale con ser grande; a veces, sólo sirve ser malo. O estúpido.
Cuando el roble, sin aire, muere asfixiado, se corrompe, se descompone. Entonces perecerán también los helechos, devorados por el sol y las condiciones desfavorables que ellos mismos, en el summum de la estulticia, habían construído.